El pintor lo envió a pedir:-
¡Para eso no! ¡para ir,
Patria, a servirte los dos!
Bien estará en la pintura
El hijo que amo y bendigo:-
¡Mejor en la ceja oscura,
Cara a cara al enemigo!
Es rubio, es fuerte, es garzón
De nobleza natural:
¡Hijo, por la luz natal!
¡Hijo, por el pabellón!
Vamos, pues, hijo viril:
Vamos los dos: si yo muero,
Me besas: si tú... ¡prefiero
Verte muerto a verte vil!
Martí conjuga una poesía magnífica, florida, gustosa al paladar, con el lado humanista, comprometido con su misión y su tiempo. Igualmente es asombroso releer estos versos -leí a Martí mucho antes de tener hijos- y es conmovedor y aterrador repasar su mandato; sólo vivencias tremendas pueden exigir semejante convencimiento. Y por supuesto, sólo hombres incomparables.
Yo quiero salir del mundo
Por la puerta natural:
En un carro de hojas verdes
A morir me han de llevar
No me pongan en lo oscuro
A morir como traidor:
¡Yo soy bueno, y como bueno
Moriré de cara al sol!